miércoles 17 de febrero de 2010

You can't melt it down in the rain

Las chispitas de la brasa todavia le ardian en el costado de la mano. Se sobo con la izquierda mientras miraba la columna angosta de humo que subia del cigarrillo aplastado sobre el escritorio.
No estaba prestandole atencion a lo que hacia, era obvio.
Trato de volver al hilo de pensamiento en el que venia abstraido antes del accidente pero fue inutil.
Se dejo llevar un rato por las revoluciones del disco que sonaba, pensando en cual podria ser la relacion entre 33 y 45, que sumados dan 78.
Nunca pudo no pensar en los mecanismos secretos de las cosas. Los autitos a friccion, las heladeras, el ladrillo visto o las lamparas de lava. Todo tenia alguna clase de teoria armada con palitos de fosforo y chicle.
En realidad la cuestion giraba en torno a que nunca pudo estar tranquilo. Nunca.
Horror vacui.
No era una cuestion de curiosidad, en realidad la informacion le daba la seguridad que nada nunca jamas le podia otorgar.
El disco seguia, casi cerrando y el asunto se habia vuelto pesado en su cabeza.
El tema se termino, el brazo volviendo a la posicion de descanso invitandolo al lado B, pero sin contestarle nada.
Apretaba los dientes imaginando relaciones ocultas entre diametros de piñones, cantidad de articulaciones, tamaños de motores y largos de correas.
Se harto en silencio envuelto en los gruñidos de las teorias que le correteaban por la cabeza